viernes, 30 de noviembre de 2012

Top Ten

Mucho han cambiado las cosas desde que Amadeo de Saboya cruzó la frontera colgando el trono y, de paso, colgándonos el sanbenito de díscolos. El fondo no ha sufrido variaciones perceptibles -las sagas familiares siguen siendo las sagas familiares, el dinero está en manos de quien corresponde, y al cielo irán los que han ido de toda la vida- sin embargo, los ciudadanos ingobernables y rebeldes del pobre Amadeo, han pegado un giro de 180º. Y todo gracias a la estricta reglamentación del Sistema de Listas. Básicamente, consiste en clasificar al personal en grupos, y luego numerarlo. Es un sistema importado de Estados Unidos, vía Forbes, aunque, aquí, le hemos incorporado un altar de sacrificios para, muy de vez en cuando, proporcionar una alegría al vulgo.

Las listas se pueden clasificar por la extensión de sus abonados -entre las más importantes, la de parados, la de la Seguridad Social, y la de estafados por las preferentes-, por el grueso social de los mismos (de un tiempo a esta parte, los “2000 de Suiza”, los políticos imputados, y ahora los miembros del Consejo de Administración de Capio), por las expectativas que levantan cuando salen de la clandestinidad (caso de los empresarios españoles amigos en las finanzas de Gao Pin), por su carácter amenazador (la RAID bancaria, actualmente enterrada bajo el papeleo de los 350.000 desahucios)… Y así hasta el infiníto. Todo el mundo está en una lista, y algunos en varias al mismo tiempo, de hecho si elaboramos un top ten forbiano del último mes, el resultado podría ser:
  1. Los 2000 de Suiza
  2. Los indemnizados/requeridos/investigados de Bankia
  3. Los de Sabadell
  4. Los del Consejo de Administración de Capio
  5. Los del Consejo de Administración de Noos
  6. Los Gurtel
  7. Los Malayos
  8. Los del móvil de Pipi Estrada
  9. Los despedidos de la UGT
  10. Los 180 jueces contra el indulto a los mossos
En cuanto a las dos macro listas (empleo y afiliación a la SS), su vida, y la nuestra, transcurre en permanente fluctuación. ¿No será que la Teoría de las Cuerdas en realidad es la Teoría de las Listas?

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Utopía

Hoy la vida me ha dado una de cal y otra de arena (y agradecida con lo que está cayendo). La cal un 9´75 en el último examen de mi niña-madre. La arena me ha saltado a los ojos, por cotilla, cuando me acercaba sigilosa a la puerta del taller para disfrutar de una de esas contadas ocasiones en que la armonía reina entre mis hijas (en el fondo sigo siendo una romántica). Más que a los ojos, la arena me ha saltado a los oídos en forma de una lluvia sonora de improperios que los jóvenes llaman “rap”. El grupo atiende por “Violadores del Verso”. Muy sinceros, porque violan el verso, sodomizan la prosa y, en general, someten al castellano a una larga sesión sadomasoquista. Si uno oye solo la melodía, al tercer compás tiene la sensación de estar girando dentro del tambor de una lavadora. Para no vomitar del mareo, caes en la trampa. Y escuchas.

Supongo que es una fase social que nos toca por decadencia, como les tocó a los británicos cargar con los Sex Pistols después de la crisis del petróleo del 73. Y entiendo que la chavalería ande dos pasos más allá de la indignación absoluta -sobre todo después del tasazo universitario- comprendo la desobediencia, las casas okupa y las actividades hacker, bastante mejor que el balconing. Pero tras escuchar perlas como:

"…Vengo del mejor grupo que parió una puta llamada España... la muerte se llevó a tres niños y no, no eran nietos del rey... ¿Te di permiso para comprar bombas con mis impuestos? No. Pues no lo llames democracia… No es un mensaje sino un insulto... trae ese ron es la canción de los alcohólicos... igual eres tú el gilipollas... trae ese ron de vuelta acá, pásate ese maca… Nada quiero, nada espero... estudié filosofía en Cambridge… tomo ácidos pero en mi almohada se oyen ruidos… me casco pajas haciendo memoria…”

No puedo menos que hacerme dos preguntas:
  1. Si estos son los licenciados en Cambridge, los de aquí ¿qué regurgitan?
  2. Con una banda sonora que parece heavy metal dadaísta, ¿dónde se coloca el final de la utopía?
Al salir por el pan, me reconcilio un poco con los pobres universitarios: un catedrático, a todas luces escasamente abrigado, una clase de estudiantes amoratados de frío y un grupo indeterminado de pingüinos, se esfuerzan por mantener encendidos los rescoldos de la cultura española. Merecen que les pasen el ron aunque solo sea para calentarse.

martes, 27 de noviembre de 2012

Condición electoral


Anoche asistí a una tertulia política - es fácil encontrarlas, basta con entrar en cualquier bar en hora punta de tapeo y a lo largo de la barra, en grupos de dos a cinco individuos, se pueden degustar opiniones sobre la situación del país de todos los sabores.- y en medio de un argumento sobre la sanidad, uno de los contertulios me acusó de demagoga. Frené en seco.

-Vale, define demagogia- reté. Se me quedó mirando con cara de belga, y hablamos del tiempo. Pero de vuelta a casa, una idea me roneaba de dentro a fuera: ¿y si todo el mundo utiliza el término como última barrera de protección argumental sin tener ni idea de su significado?

Según la Real Academia de la Lengua, demagogia es “uso político de halagos, ideologías radicales o falsas promesas para conseguir el favor del pueblo”. Y yo, remontando la memoria a mis primeras urnas, no recuerdo una sola campaña electoral en la que no haya visto a todos, absolutamente todos los partidos políticos, hacer uso de una de las tres condiciones (o directamente de las tres). Desde Jesús Gil a Artur Mas, de Aznar a Zapatero pasando por Chaves y Camps, se han cubierto con creces las expectativas de la RAE. Entonces recordé lo que me dijo una vez un hombre honrado:

-¿Cuándo vas a creer en el Sistema?- le pregunté.

-Cuando alguien pueda explicarme por qué un humilde intelectual pierde los derechos sobre su obra al cabo de 99 años, y los Duques de Alba han podido legar su patrimonio los últimos 500.- respondió.

En ese momento lo entendí, y lo sigo compartiendo. Pero algo me dice que, si soltara el argumento en Génova o en Ferráz tacharían de demagogo a mi hombre. Y, encima, peyorativamente.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Democrático

Foto: Audrey Flack
Camino de la Plaza de España,- último reducto para la algarabía que le ha dejado Botella a Manolito- he sufrido un espejismo sahariano. Ya desde la esquina de Pez con San Bernardo observé una congregación de personas, tan correctamente vestidas que parecían de boda. Me acerqué para ver a la novia y me desenfundaron un cartel de protesta en la cara. Tuve que dar una segunda ojeada para distinguir las pancartas, porque se notaba en seguida que al grupo le faltaba práctica. Y entonces caí en la cuenta: era el Foro madrileño, al completo, protestando delante del Ministerio de Justicia.

Hay una ancestral maldición gitana que dice: "Pleitos tengas y los ganes". Después de Ruiz Gallardón, los payos deberíamos acuñar: “Pleitos tengas y los pagues”. Por alguna razón esquiva, D. Alberto parece dispuesto a superar a sus correligionarios por la derecha, y mira que es difícil. Si Aznar pasará a los anales por la foto de las Azores, el bombardeo de Bagdad y el reconocimiento, - a toro pasado y población diezmada-, de que lo de las armas de destrucción masiva era más bien mentira, Gallardón pasará como el tipo que unificó quejas, criterios y opiniones de jueces y fiscales por primera vez en la historia. Allí no había ni sensibilidades, ni categorías profesionales, ni doctorados ni colegiaturas: hasta los bedeles estaban en la calle.

Pero desde donde habita el ministro debe haber poca visión espacial. Tiene a Acebes de “rondón” en el asunto Bankia, a Gao Pin a punto de salir corriendo de vuelta a Shangai, a los abogados del turno de oficio pensando seriamente en atracar bancos para la supervivencia, y a los secretarios judiciales en primera línea de playa de los recortes salariales a funcionarios. Personalmente, creo que el ex alcalde -después del padre de Luke Skywalker-, es un ejemplo de cómo pasar al lado oscuro en menos de diez años. Él, que empezó como faro progresista del partido por el asunto de las narco salas, ha logrado retroceder subrepticiamente hacia el fondo de la cueva, para salsear a gusto. Lo de cocinar se lo debió enseñar Corulla, presentar el plato le toca a Cospedal, y comérselo al resto de los españoles. Mientras, y en lo que consigue situarse al frente, ya tiene a la Unión de Colectivos Hispanos al completo. Si eso no es democrático, que baje Dios y lo vea.

viernes, 23 de noviembre de 2012

La habitación del pánico

Foto: Ted Van Pelt
En todas las casas, como un zulo, existe una habitación que no necesita fantasma para ser siniestra. Allí suelen almacenarse broncas, restos hormonales, y, lo que es peor, residuos brillantes, pepitas de oro asturiano, de algo que vagamente recordamos como felicidad. Cuartos oscuros pero sin connotación sexual, pigmentados de biografía joven y, por definición de oropel, donde no hace falta una psicofonía para escuchar a los muertos, porque los cadáveres de las meteduras de pata de uno se amontonan bajo el epígrafe “Experiencia Vital Adquirida”.

En mi casa, la habitación del pánico se localiza al fondo a la derecha, como en los bares, y es la única con pestillo porque entiendo que uno necesita de intimidad para poder envolverse libremente en la propia tristeza. Infinitamente más digno que hacerlo en público, por mucho que Tele 5 insista en lo contrario. El oro asturiano fue un invento de Álvarez Cascos, -cuando era responsable de Fomento, antes de hacerse forista y galeriano- por si rehabilitaba la economía regional. Un gesto intelectual. Un retorno a los clásicos:
  1. Se esparcen unos gramos de 24 kilates, como cenizas de plomo, en lo profundo de un río caudaloso (a ser posible afluente del Nalón, que ya nace con historia minera).
  2. Se invita a pescar salmones a un grupo de empresarios extranjeros y se les deja otear el brillo del fondo.
  3. Se espera, en el despacho oficial, a notar el tirón de caña del campanu europeo.
En mi habitación del pánico ocurre algo así. Diez minutos de autocrítica en su interior me hacen sentir al mismo tiempo como un empresario a punto de ser estafado en un entorno extraño y abiertamente hostil, y como un trabajador, con grado de jornalero, estafado de antiguo, pero en un entorno familiar, aunque igualmente hostil.

Y pienso: si yo, que soy una humilde becaria de proletariado (con varios años de práctica, eso sí), salgo de mi habitación del pánico proclamando que me llamo Toby en medio de un arrebato de angustia socio-personal, lo que debe estar sintiendo Urdangarín en este momento, en la habitación del pánico de Pedralbes, debe ser como para salir corriendo... con o sin perro.